El despido improcedente es todo aquel despido que las autoridades laborales de un país, consideran como no aceptable, por lo que la empresa, es indicada por el ministerio público a retomar el trabajador o en la imposibilidad de re admitirlo, pagar una indemnización equivalente a 45 días de sueldo por año trabajado.

El Juzgado de los Social, es el lugar al cual todo trabajador debe concurrir en caso de que no esté de acuerdo con las condiciones de su despido, en cuanto a su legalidad y consecuencias.

Llegados a la sede judicial, salir con un dictamen de despido que puede variar, tomando en cuenta la situación y el contexto de cada caso, pero las posibilidades se agrupan en:

  • Despidos Improcedentes.
  • Despidos Procedentes.
  • Despidos Nulos.

Despidos Improcedentes

Son en los despidos que no se verifican en la realidad los motivos expresados por nuestro empleados como causa de despido. En estos casos el juez dictamina que no existe causal de despido comprobable para el caso y obliga a retomar el empleado o pagar la indemnización.

Lo dicho, esta situación puede resolverse con la re incorporación del empleado en el puesto, en idénticas condiciones y salario que antes de cesarlo. O sino, en el caso que el patrón no quiera retomar al trabajador, se le indicará al pago de una indemnización que equivale a 45 días por año de antigüedad laboral. También deben ser pagados los haberes que se hubieren generado entre el despido y la sentencia del mismo, en caso de determinarse como improcedente.

Despidos procedentes

Son los despidos sin más vueltas. En ellos, se prueba con pelos y señales el porque de la rescisión del contrato laboral por parte de la empresa de forma unilateral.

Algunas de las causas esgrimidas en estos casos son incumplimiento en el horario, en las tareas, faltas a la disciplina, entre otras.

Aquí el trabajador solamente tiene derecho a la liquidación de su contrato y ningún otro tipo de complemento indemnizatorio es viable.

Despidos nulos

Son los clásicos despidos por etnia, xenofobia, discriminación sexual, política, religiosa o por motivos de enfermedad, entre otros.

En estos casos, el despido es nulo, debiendo el empresario, readmitirlo en su nómina laboral al empleado y pagarle lo correspondiente a los días que lo haya tenido cesado, tal cual como si hubiera trabajado.

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